El análisis de Carlos López-Jones… CDMX pierde por goliza

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El análisis de Carlos López-Jones

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Faltan menos de 30 días para que el primer silbatazo del Mundial resuene en el Estadio Azteca. Será la primera vez en la historia de la Copa del Mundo, que una ciudad, sea la sede de una inauguración por tercera ocasión. Desde hace 8 años que se anunció este evento, se ha hablado de la llegada de millones de turistas. Estamos hablando de dólares que volarán sobre los mostradores de hoteles, restaurantes y tiendas de la ciudad.

Todo haría suponer que la Ciudad de México a menos de 30 días, estaría ardiendo emocionada; pero, los números del Instituto Mexicano del Seguro Social cuentan otra historia: entre enero y abril de este año, la Ciudad de México perdió 62,297 empleos formales, cuando todos los establecimientos deberían estar contratando personal.

Y muchos podrían decir que es un tema nacional después de la caída de la economía en el primero trimestre del año, pero Nuevo León y Jalisco, las otras dos sedes mundialistas, reportan alzas en empleo formal en el mismo periodo. Monterrey y Guadalajara están capitalizando el efecto de anticipación del torneo más visto del planeta.

Pero la capital, donde se jugará el partido más importante y con más audiencia de los 13 que se celebrarán en territorio nacional, llega al partido de apertura con destrucción neta de plazas de trabajo. Las alarmas deben prenderse porque lo que vemos, es una crisis estructural de la urbe más importante del país, hogar de 1 de cada 6 habitantes del país.

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¿Qué tienen Monterrey y Guadalajara que ya no tiene la Ciudad de México?

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En los últimos tres años, ambas metrópolis estatales han atraído manufactura de relocalización, centros de datos, naves logísticas, plantas de ensamble y la inversión pública se ha usado para mejorar la movilidad, hay planes de educación universitaria acordes a las necesidades empresariales, sus sistemas de salud pública y educación han mejorado.

La inversión que llegó a México por el nearshoring aterrizó en el norte y en el Bajío, no en el Valle de México. Mientras tanto, de la capital se fueron empresas de la talla de Telefónica o Iberdrola, y decenas de proveedores de Pemex que cerraron sus oficinas cuando la paraestatal contrajo su gasto operativo. Cuando se va una empresa grande de cualquier sector, no se va sola, también cierra su cadena entera de proveedores, consultores y técnicos.

La ciudad envejece, no sólo demográficamente, la Ciudad de México lleva años expulsando a sus jóvenes hacia el Estado de México, Hidalgo y más allá, porque aquí ya no pueden pagar una renta. Envejece también como ecosistema económico.

Las empresas que se instalan en una ciudad traen con ellas trabajadores jóvenes, ingenieros recién egresados, empleados de clase media que gastan, rentan, consumen. Cuando esas empresas no llegan, o se van, la pirámide de la actividad económica se aplana por arriba.

Quedan los negocios maduros, los mercados establecidos, la informalidad como válvula de escape. Uno de cada dos trabajadores capitalinos, el 45.7%, vive sin seguridad social y su situación no ha mejorado.

El Mundial va a llenar los hoteles en junio y julio. Va a mover divisas y las imágenes del Estadio Azteca y Reforma darán la vuelta al mundo, pero cuando se apaguen los reflectores los chilangos regresaremos a una Ciudad que no atrae inversiones, y mucho menos es capaz de crear empleos.

Esa es la derrota que no aparece en el marcador oficial.

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 @Carloslopezjone 

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