________________________________
El Análisis de Carlos López-Jones
________________________________
El INEGI reportó que la inflación general al 15 de marzo se ubicó en 4.63% anual. Ese número; sin embargo, oculta lo que realmente pasa en el mercado: el rubro de frutas y verduras acumuló un alza de 23.91% en los últimos doce meses. Subir 13% el salario mínimo cuando los alimentos suben casi el doble es el resultado de pésimas políticas públicas que dañan a los menos tienen.
El salario mínimo formal en México es de 9,500 pesos mensuales, pero eso no es lo que paga el mercado. En ciudades grandes ronda los 2,000 pesos a la semana; en ciudades medianas y en el campo baja a entre 1,500 y 1,800 pesos, y en la mayoría de los casos sin prestaciones.
El abismo se amplía entre quienes ganan el Salario Mínimo oficial y el resto de la población, que no lo gana. De acuerdo con el INEGI, el 55% de los trabajadores en México laboran en la informalidad.
Las cuotas al IMSS representan alrededor del 35% del salario reportado. Cuando el salario mínimo mensual era de 3,600 pesos, dar seguro social costaba al patrón unos 1,200 pesos al mes, hoy esa misma prestación ronda los 3,200 pesos. El resultado es evidente, cada vez más patrones se dan de baja del IMSS y cada vez hay menos empleos que incluyen prestaciones.
Subir el salario mínimo muy por encima de la inflación es una carrera que ya vimos en México hace cuarenta años y ya conocemos el resultado: los precios alcanzan al salario, las tasas de interés se mantienen altas, el crédito accesible desaparece y la inversión se frena. El trabajador termina con un número mayor en su recibo y con menos comida en la bolsa del mandado.
El golpe no es parejo. Quien gana menos destina una proporción mayor de su ingreso a comida y transporte, que son precisamente los sectores más intensivos en mano de obra y los que más resienten cada aumento salarial. Para la clase media, el alza en alimentos obliga a recortar ropa, entretenimiento o salud. Para quien gana el mínimo, el resultado es menos comida en la mesa.
Cada aumento al salario mínimo eleva los costos de los sectores que más mano de obra usan: fondas, talleres mecánicos, estéticas, tlapalerías. Esos negocios no absorben el alza: la trasladan al precio. Lo mismo ocurre en el campo, donde cosechar jitomate, calabacita o limón requiere jornaleros, y donde el costo del jornal viaja directo al precio en el mercado, en la tortería y en la taquería.
La única salida real es elevar la productividad del trabajador. Hoy existen más opciones que nunca para capacitarse: cursos gratuitos en línea, certificaciones técnicas, plataformas de formación accesibles desde un teléfono. Un trabajador más calificado puede aspirar a un empleo mejor pagado sin necesitar que el gobierno le fije el precio a su hora de trabajo. Esa es la diferencia entre un aumento que dura un año y uno que dura toda la vida.
________________________
Sobre el autor
________________________
- Carlos López-Jones, es Director de Consultoría Empresarial en Tendencias Económicas y Financieras
- Columnista, conferencista y colaborador en radio y TV en temas especializados de economía y finanzas
- En El Podcast de Carlos López Jones en Spotify y en Apple Podcast El PodCast de Carlos López Jones
_______________________________










